Adicciones: comprender el malestar para poder acompañar

En esta publicación, abordo las adicciones desde una perspectiva psicológica integral, comprendiendo el consumo como una forma de regular el malestar emocional. Dirigido tanto a personas que atraviesan una adicción como a familiares o personas cercanas, el texto ofrece claridad clínica, comprensión emocional y orientación sobre opciones de acompañamiento psicológico online para iniciar un proceso de cambio y cuidado.

2/12/20262 min read

Hablar de adicciones suele generar incomodidad. A menudo aparecen el miedo, la culpa, la vergüenza o la sensación de no saber por dónde empezar. Sin embargo, detrás de una conducta adictiva casi siempre hay una historia emocional que merece ser comprendida antes de ser juzgada.

Desde la psicología, entendemos las adicciones no solo como un problema de conducta o de consumo, sino como una forma de relación con el malestar. Una forma que, aunque pueda generar consecuencias importantes, suele tener sentido dentro de la historia vital de la persona.

No todo consumo comienza como una adicción, en muchos casos, empieza como una estrategia para regular emociones difíciles: aliviar el dolor, reducir la ansiedad, desconectar de pensamientos persistentes o sostener situaciones que desbordan.

Cambios vitales profundos, pérdidas, migración, duelos no elaborados, conflictos relacionales o experiencias traumáticas pueden dejar al sistema emocional sin recursos suficientes. Cuando no hay otras herramientas disponibles, el consumo puede aparecer como una solución inmediata, aunque a largo plazo termine generando más sufrimiento.

Comprender esta función emocional no significa minimizar el problema ni justificar conductas dañinas. Significa mirar más allá del síntoma para poder intervenir de forma más responsable, eficaz y humana.

En este sentido, para la persona que consume, la adicción suele vivirse con ambivalencia ya que por un lado, existe la sensación de alivio momentáneo; por otro, aparecen la culpa, la pérdida de control, el deterioro de la autoestima y el miedo a no poder salir de esa dinámica. Es frecuente que la persona se sienta incomprendida, juzgada o reducida únicamente a su conducta. Esto puede reforzar el aislamiento y dificultar la petición de ayuda, incluso cuando el malestar es evidente. Aceptar que una adicción no define a la persona, sino que forma parte de un proceso emocional complejo, es un paso fundamental para iniciar cualquier cambio.

Además, existe un impacto en la familia y en las personas cercanas a quien consume, experimentando confusión, agotamiento emocional, rabia, tristeza o impotencia. Muchas familias oscilan entre el deseo de ayudar y la sensación de no saber cómo hacerlo sin empeorar la situación, siendo lo habitual que aparezcan dinámicas de sobreprotección, control excesivo o confrontación constante, que aunque nacen del cuidado, pueden terminar manteniendo el problema. Otra de las consecuencias, tiene que ver con que los "cuidadores" se olviden de sí mismos, relegando su propio bienestar en un intento constante de “salvar” al otro.

Es por ello, que reconocer el impacto emocional que la adicción tiene en el entorno es tan importante como atender a la persona que consume. El acompañamiento psicológico puede ayudar a poner límites, redistribuir responsabilidades y recuperar espacios de cuidado personal.

Tanto si te reconoces en una conducta de consumo como si eres familiar o persona cercana, no tienes que atravesar este proceso en soledad. El acompañamiento psicológico puede ayudarte a entender lo que está ocurriendo, aliviar el peso emocional y encontrar formas más sostenibles de estar contigo y con los demás.